Pablo Sierra

Pablo Sierra

8 de septiembre de 2026

En la Expo Industrias, la competitividad se discute puertas adentro de la planta

La competitividad de una empresa industrial depende, ante todo, de cuánto puede producir con los activos que ya tiene, más que de las condiciones externas que no controla. Esa idea atravesó buena parte de la agenda de la Expo Nacional e Internacional de Industrias y Servicios 2026 la cual reunió a más de 15.000 visitantes, y 250 stands en su cuarta edición.

El evento se realizó el 25 al 27 de agosto en La Rural (Pabellón Azul, Buenos Aires). Además, se llevó a cabo el 7º Congreso Industrial organizado por IPA-Industrialistas Argentinos de Pequeñas y Medianas Empresas con debates sobre financiamiento,promoción industrial e instrumentos de gestión para las Pymes.

Entre tanta discusión sobre el contexto macroeconómico en el país, varios expositores volvieron sobre ese mismo punto: mejorar desde adentro.Daniel Salamone, presidente del CONICET, lo planteó en su exposición «Del laboratorio a la fábrica: ciencia, tecnología e innovación para producir más», centrada en cómo la innovación aplicada eleva la productividad sin necesidad de nueva inversión de capital. En la misma línea, el panel «El futuro de los clústeres industriales: competitividad y asociatividad para la pyme», con Rubén Geneyro, Alejandro Bartalini y Gabriel Sánchez, discutió cómo las pymes pueden ganar escala y eficiencia trabajando de forma coordinada, incluso sin cambiar de tamaño ni de contexto.

El punto en común de ambas exposiciones es que la productividad no es solo una cuestión de inversión nueva, sino de gestión: cómo se organizan, monitorean y mantienen los recursos que una empresa ya puso en pie. Una planta con la misma cantidad de máquinas puede producir más si reduce el tiempo que esas máquinas pasan detenidas, o si sus equipos tienen mejor información para decidir.

Ese eje de producir más y mejor con lo que ya existe tiene respaldo en los números. Estudios sobre el costo del tiempo de inactividad no planificado en manufactura lo ubican en torno a los 260.000 dólares por hora, con picos mucho mayores en sectores como el automotriz. Una máquina detenida es un costo directo sobre la competitividad de la empresa, sin importar el contexto macroeconómico: no depende del dólar, ni de una ley, ni de una política de promoción industrial. Depende de la gestión.

El desafío para superar esta brecha es grande en Argentina. Según una encuesta realizada por la iniciativa nadIA, el 41.6% de las pymes ya usan algún tipo de herramienta de inteligencia artificial, pero su uso se limita a procesos administrativos y de comunicación, no para la producción. En cuanto al sector industrial, la brecha es aún mayor: según un estudio de Accenture y la Unión Industrial Argentina, solo el 27% de las empresas de ese sector usan la IA para automatizar procesos. La tecnología para gestionar mejor los activos existe y ya está probada; lo que falta es que llegue al piso de planta.

En ese contexto se inscribió la participación de Fracttal en la Expo, donde su equipo compartió experiencias sobre mantenimiento e IA aplicada a la gestión de activos. Ignangellys Salazar citó el caso de Arca Continental Argentina, que integró Fracttal One con su módulo SAP PM a través de APIs nativas y el conector Fracttal Hub, reemplazando órdenes de trabajo en papel por gestión digital y móvil en campo. El resultado fue una reducción del 54% en el MTTR (tiempo medio de reparación) y un incremento del 63% en el MTBF (tiempo medio entre fallas), sin ampliar la planta ni sumar activos nuevos.

Es, en pequeña escala, el mismo argumento que resonó en los paneles de innovación y clústeres: la competitividad industrial no siempre requiere una planta nueva ni una macroeconomía distinta. La gestión de recursos y esfuerzos es más efectiva cuando se mejoran los sistemas de adentro hacia afuera.

La recomendación que se desprende de estos casos es concreta para el entramado pyme argentino: antes de esperar un cambio de contexto, vale la pena auditar qué tan digitalizados están los procesos de mantenimiento y gestión de activos propios, y priorizar herramientas que den visibilidad en tiempo real sobre el estado de los equipos. La brecha de adopción de IA en la industria local, apenas 27%, es en rigor una oportunidad: las empresas que se muevan primero hacia una gestión más inteligente de sus activos van a competir con una ventaja que ningún cambio de régimen les puede garantizar.

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